viernes, 1 de noviembre de 2013

Boheme

        Aún recuerdo perfectamente cómo era sentirse así. Aún recuerdo aquellos 20 días en Francia como si fuesen ayer. Recuerdo las maravillosas noches de empezar a conocer a alguien nuevo y no tener ni idea de si el futuro os depararía algo en común. Recuerdo a la gente dispuesta a ti, a ayudar, a vivir y a que vivieses. Recuerdo el sonido de la lluvia y la sensación de humedad, acababamos de trabajar, todo estaba mojado, mis pies empapados, me sentía bien allí... Recuerdo a los hombres maquillados y a las mujeres al natural, todo el mundo contento y con ganas de conocer, de conocer todo absolutamente acerca de otras formas de vida, asombrosa la variedad de ideas, de vida, de felicidad. Recuerdo que los primeros 6 días de estar allí no sentía que esa era la vida que había tenido hasta entonces, me sentía más como en casa que nunca, la comida era espectacular, la cocina la echo tanto de menos con Joan y Melania, buenísima música. Recuerdo mirar a mi alrededor... luces en la noche, un lago que te daba la vida y personas que la convertían en algo espectacular, fue una explosión tan enorme de sentimientos. era feliz porque sentía, porque vivía y porque amaba. Recuerdo ir por primera vez a Lyon, sus luces, las personas, las sensaciones, la cerveza y el whisky en el bar del camping, las risas, esa sensación de que algo nuevo empezaba. Recuerdo el punto en el que se cruzaron nuestras vidas y todo cambió. Recuerdo volver a encontrarme, redescubrir quién en realidad siemore he sido. Recuerdo las risas tan dentro de mí, recuerdo el frío y el calor. Recuerdo el agotamiento por contribuir a algo positivo, recuerdo el país de la música increíble, de los acordeones y del francés que enamora. Recuerdo cuando empezaron las despedidas. Recuerdo los días llenos de todo, de compañía, de personas reales, de auténtica dedicación a la vida. Recuerdo una noche asiática, otra despedida más, repleta de abrazos, de sentimientos, de noche. Recuerdo comer comida típica de un país diferente cada noche, todo el mundo reía y compartía experiencias. Sólo pretendían hacer reír, entretener y disfrutar juntos. Recuerdo sentir que el final se acercaba y no estar preparada. Recuerdo sentir que llegaba la música, los romances cortos, que volvieron las notitas, las ilusiones, la esperanza. Recuerdo la noche fantástica bajo la luz de la luna y las estrellas, los besos y caricias de alguien con el que compartes una noche, vuestras vidas se unieron en un punto y luego... quién sabe. Recuerdo sentir cómo las noches se consumían. Recuerdo la hoguera de los sueños, de los mashmallows, la última noche viviendo paralelamente al mundo, los últimos sentimientos profundos. Recuerdo lo rápido que pasaron los días, el no poder dejar de llorar y lo que me apetecía hacerlo. Supongo que a veces eso es lo que necesitamos, separarnos de todo para recordar quién eres y qué es lo que quieres, y volví a recordar mis prioridades y mi manera de vivir. Volvía a sentir cómo era vivir sincera y puramente... y ahora lo echo tanto de menos. Ya nada es lo mismo.

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